lunes, 5 de octubre de 2015




Este sincretismo religioso comienza a gestarse desde el mismo momento de la conquista, cuando unos hombres que traían a su Dios en sus convicciones y en cuatro carabelas, se encontraron con otros dioses distintos, profanos y con una religiosidad aborigen que no tenía nada que ver con los ritos, iconos, símbolos y creencias de una cristiandad que tanto había costado consolidar, y que ahora, frente a estos infieles ignorantes, desasistidos, relegados, ignorados, había que defender, difundir y catequizar. Como lo expresa el propio Uslar: "más allá de las realidades físicas, de las armas, de los caballos, el arte de la guerra y la viruela, estaba el choque de los espíritus. Lo que se abre de inmediato es el conflicto religioso que todo lo va a dominar y determinar. No la guerra de los hombres, que podía encontrar muchas formas de acomodo, sino la guerra de los dioses que no admite tregua.
Comienza entonces un largo proceso de transculturación religiosa; los españoles se encuentran convencidos de que deben realizar una labor no sólo de conquista, sino también de evangelización, debían catequizar a los infieles del Nuevo Mundo, imponerles las creencias y enseñarles a adorar un mismo Dios, aquel, Cristo el Redentor, que los conquistadores trajeron en sus navíos, pero sobre todo, en sus corazones. La Iglesia se suma a este proceso; a los soldados españoles les corresponde la conquista territorial, a los frailes la espiritual.
En efecto, como bien lo subraya Uslar, refiriéndose a la conquista de México: "apenas asegurada la dominación militar llega la otra expedición, la más ambiciosa y temeraria, la de los doce frailes franciscanos que van acometer la impensable tarea de hacer cristiano el imperio de Moctezuma. Los atónitos aztecas vieron a Cortés, en medio de todo su aparato conquistador victorioso, ponerse de rodillas para recibir a los doce pobrecitos de Cristo.
Mientras los soldados conquistadores derribaban los templos paganos, y se procedía a construir sobre sus bases y paredes las primeras Iglesias del Nuevo Mundo, los frailes se dedicaban a efectuar la tarea evangelizadora. Pedro Borges realizó una sistematización de los procedimientos misionales utilizados en el Nuevo Mundo, distinguiendo: los métodos propedéuticos, tendentes a preparar al futuro cristiano para la asimilación de los contenidos doctrinales. Aquí, el misionero partía de un estudio de la cultura y la psicología de los hombres a evangelizar con el fin de seleccionar los métodos. Paralelamente se trataba de conquistar su benevolencia. 

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